Lunes, 02 de noviembre de 2015

Sentado sobre el banco granítico que delimitaba la playa, su mirada apagada se perdía en el horizonte . El semblante serio y preocupado remarcaba aún más los mil y un surcos fruto del arado de la vida. Las manos curtidas y labradas por mil y una batallas, descansaban entre sus rodillas agarradas al bastón que siempre le acompañaba. Mil y un torrentes de recuerdos se encadenaban como hojas de los mil y un capítulos de la enciclopedia de su vida. Levantó una de sus manos y abrazó su rostro envejecido y huesudo con un gesto de profunda preocupación y desesperanza.
Se desperezó y cerró los ojos. ¿Por qué?, se preguntó mientras un rictus de amargura removía las infinitas arrugas de su cara. El, que desde muy temprana edad, se había partido la espalda de sol a sol para ganar el pan y la libertad. Tanto que apenas había tenido tiempo para aprender a leer y escribir. Su infancia no había sido fácil en tiempos convulsos de opresión y hambre. Y aún la barba no había asomado cuando se tuvo que poner a ganar un salario. En plena juventud formó una familia con la única mujer de su vida. Y a El anciano impolutopesar de las privaciones, tuvieron cinco hijos. Tres varones y dos hembras. Y con una entrega y esfuerzo titánico consiguió darles una vida mejor, aunque tan solo al pequeño le pudo pagar estudios superiores. Ellos le dieron esos seis nietos que le sorbían el alma.
Se llevó la mano al bolsillo de su camisa y sacó la foto de sus nietos. La miró y con un gesto de gran ternura , la acarició. Mientras una lágrima amenazaba con deslizarse por los cauces de su mejilla. ¿Por qué?, inquirió de nuevo. Su sangre rebelde hervía en su interior. Porque él había luchado por dejarles un mundo mejor. Había visitado muchas veces obligado los calabozos y hasta la cárcel fue su hogar durante un tiempo por luchar por la libertad, por un mundo más justo. Había sido un ciudadano modélico pero inconformista que, junto a decenas de miles como él, habían conseguido abrir el armario de los derechos políticos y sociales. Noches de insomnio haciendo pintadas y pegadas de carteles reclamando lo que por justicia les pertenecía. Y aquellos que sobre su sudor disfrutaban de una vida privilegiada, tuvieron que claudicar y abrir la mano.
Levantó la gorra, se mesó los escasos cabellos y su mirada brilló con el primer rayo de luz del día. Si, ellos no habían perdonado la afrenta de entregar el poder al pueblo. Y regresaron con más virulencia y ahora como vampiros para chupar hasta la última gota de sangre. Se levantó de su asiento granítico y se encaminó cansino hacía un nuevo acto de rebeldía. Tuvo que esperar a que se formase la mesa. Luego cogió la papeleta, la metió en el sobre cerrándolo como si temiera que le fuera robada. Se acercó a la urna y dijo con voz firme: voto por la libertad, la justicia social y la solidaridad. La presidenta le llamó al orden, el se dio la vuelta y marchó.
Sentado ante el televisor, miró a su familia. Todos estaban allí, los vampiros les habían empujado contra su voluntad de independencia a regresar al soporte vital de sus padres. Mientras dirigía una tierna mirada a su nietos, escuchó como el presentador anunciaba el triunfo de los nuevos rebeldes. Y después de años, una sonrisa asomó iluminando aquella faz de los mil y un surcos. Se levantó y abrazó a sus nietos. Después de todo, pensó, puede que disfruten de un nuevo y esperanzador futuro. Y aunque no había encontrado respuesta al ¿por qué? de su pregunta, sabía el porqué de que la vida pueda ser maravillosa.


Tags: viejo, anciano, luchador, democracia, dictadura, legado, nuevo

Publicado por Fransaval @ 19:20
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