Domingo, 16 de agosto de 2015

Caminaba por el sendero hacia la cima del monte. Ensimismado en sus pensamientos, casi no percibía lo que le rodeaba. Aquello que quería desentrañar, le había ocupado parte de su vida. Pero la ciencia no le había ayudado, ni siquiera su doctorado en filosofía le había acercado a entender el misterio que le ofuscaba. En su cara se leía la preocupación y de vez en cuando se paraba y se llevaba la mano al mentón buscando respuestas. 
Superó un recodo del camino y las vio. Quedo fascinado ante tanta belleza. Idénticas y su sonrisa parecía la luz del amanecer. Ellas le La vida y la muertemiraron como si le estuvieran esperando. Y casi al unísono, con un tono de voz celestial, le saludaron:
- Buenas, buen hombre.
- Buenas, tartamudeó él sobrecogido por la zozobra. ¿Qué hacen tan hermosas mujeres por aquí?, preguntó con cierto nerviosismo.
- Te esperábamos para ayudarte en eso que te tiene embelesado, contestaron.
- Ya. ¿Y cómo lo sabéis? Puedo preguntaros quien sois, balbuceó superado por el momento.
- Yo soy la Vida, dijo la que estaba enfrente a su izquierda.
-Yo soy la Muerte, aseguró la otra.
- No entiendo, las dos tan iguales y tan hermosas, afirmó preso del rubor.
- Lo entendemos, dijeron acompañando una risa preciosa y cantarina. A mí, continuó la Vida, me representáis solemne, guapa, ... Sin embargo a ella, tenebrosa, fea, ...
- Es cierto. Pero comprenderéis que así es la realidad.
- Entre risas, la Muerte le preguntó: ¿Pero acaso no dices que somos hermosas?
- Si, lo más hermoso que habría soñado en mi vida, afirmó él.
- Una auténtica contradicción, le dijo la Vida. Yo os doy momentos bonitos junto a otros de dolor, tristeza, ... Sin embargo ella, es la paz, el descanso, el misterio de lo desconocido. Y vosotros que todo lo queréis descifrar, que a todo le buscáis explicación, que lo oculto os fascina, me alabáis a mí y la mancilláis a ella. Sin entender que todo lo que os rodea no tendría razón de ser sin existir las dos. Ni ella, ni yo, existiríamos la una sin la otra. Donde hay vida hay muerte, y donde hay muerte hay vida.
Por primera vez en mucho tiempo, sonrió y sus ojos brillaron. Se sintió libre de aquella carga. Ellas sonrieron y al unísono le dijeron:
- Podemos acompañarte.
- Será un placer caminar al lado de tan preciosas compañeras.
Cada una por un lado, le cogieron las manos y se dirigieron hacia la cima. El último rayo de luz se hundía en el horizonte, mientras el Lucero de la Tarde ascendía en el cielo nocturno anticipándose a las estrellas y La Luna. Se miraron y los tres sonrieron. La noche prometía emociones fuertes...


Tags: vida, muerte, hermosa, amor, dolor, paz, revivir

Publicado por Fransaval @ 2:50
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