Mi?rcoles, 27 de junio de 2012

            Hace apenas dos siglos, diez millones de nativos poblaban el norte del continente americano. Aunque todos vivían ligados al ritmo impuesto por la naturaleza, la diferencias en los hábitos de cada tribu eran considerables. En el Siglo XV, cuando llegaron los españoles su población rondaba los 90 millones de habitantes. Estos eran los pueblos, asentamientos, sus rasgos y características fundamentales.

Estrecho de Bering y migraciones
Origen de las migraciones humanas y el paso del Estrecho de Bering por donde entraron los futuros pieles rojas.

            Las investigaciones científicas sitúan hace 60.000 años (en el Pleistoceno) la inicial presencia del ser humano en suelo americano. Probable aspecto de los primeros pobladores de América del NorteSucesivas migraciones procedentes de Mongolia y de otras regiones del corazón de Asia habrían atravesado el ahora llamado Estrecho de Bering, que separa ambos continentes con una anchura mínima de 75 km. Debido a las glaciaciones, el descenso del nivel del mar habría dejado un puente terrestre para los contingentes migratorios y que más adelante se sumergiría de nuevo.

             Las razones para estos flujos migratorios que vivían de la caza y la pesca, se cree que estuvieron en las duras condiciones físicas que debían soportar en sus lugares de origen y que les forzó a la marcha para buscar nuevas fuentes de alimento. Con ellos, estos primeros pobladores del continente americano llevaron métodos y conocimientos ancestrales como el fuego, la domesticación del perro, armas como el arpón, técnicas para fabricación de cuerdas y redes, cestería, etc., que iban aplicar donde se establecieron.

            Estos nuevos moradores portaron consigo toda una serie de creencias religiosas y rituales con los que veneraban a sus dioses. Entre diez y quince generaciones de estos nuevos pobladores debieron de ir descubriendo que cuanto más avanzaban hacia el sur mejores condiciones climáticas encontraban para establecer sus asentamientos definitivos y territorios de caza y agricultura.

            Cuando en el Siglo XV llegan las primeras incursiones europeas, se calcula que unos 90 millones de personas poblaban el continente americano. De ellos, unos 10 millones se asentaban a los espacios actuales correspondientes a Estados Unidos y Canadá, mucho menos poblados que México y el sur andino donde habían florecido las grandes civilizaciones precolombinas. Por lo que, las zonas de asentamiento de aquellos amerindios o nativos conformaron las singularidades de las tribus.

La colonización de América del Norte por los españoles
Mapa del dominio español, en el siglo XV, de América del Norte.

            Desde los Grandes Lagos al litoral atlántico, las regiones templadas del noroeste están cubiertas de inmensos bosques de robles, Vivienda típica de los indios Kickapoocastaños, nogales – hasta el sur-, y arces, abedules, y hayas, hasta el norte. El suave clima en buena parte de este territorio permitió la presencia humana desde unos 7.000 años a.C. Dándose el caso de que por ejemplo los hospitalarios y pacíficos Winebago coexistían con los temibles guerreros Kickapoo; los comerciantes Ottawa trataban con los Miami (defensores de sus tierras) y con los agitados Delaware; los Wampanoag, que terminarían siendo esclavizados, convivían con los pacíficos pescadores Menominec y los Illinois, los primeros en confraternizar con los invasores blancos. Los Algonkin, Mohicanos, Hurones o Wiandot, se enfrentaban a sus permanentes enemigos, los Iroqueses. Estos últimos formarían la Liga de los Iroqueses (agrupaba seis tribus entre las que destacaba la de los Mohawk) que comprendía el actual Estado de Nueva York. Fue un modelo único de organización que acabó con las Liga Iroquesaluchas tribales e impuso órganos de gobierno, avanzadas administraciones y las tribus elegían a sus representantes para el consejo que era quien legislaba y ejecutaba justicia.

            Se agrupaban en pequeñas aldeas fortificadas con empalizadas de postes que cercaban las viviendas llamadas wigwam, construidas con troncos y ramas y cubiertas por esteras de junco o pieles. Se alimentaban de la caza del venado, en el interior, mientras que en la costa y los lagos la pesca se unía a la recogida de crustáceos. El maíz completaba la dieta sobre todo desde que en el Alto Mississippi se cultivo masivamente esta gramínea. El maíz era básico en la alimentación de los indiosEsto posibilitó la aparición de ciudades en el interior, como Cahokia, que llego a contar con unos 50.000 habitantes. Los atrasados pobladores del litoral usaban canoas de abedul, ropas de piel de ciervo y en el norte se trasladaban en trineos. Es aquí donde se conoció la primera presencia europea, en torno al año 1000, con la llegada de navegantes de Islandia a Terranova.

Otro extenso territorio que abarcaba desde el litoral atlántico de Florida y el norte del Golfo de México hasta las planicies de Texas. Entre otros grupos más pequeños y junto a los prestigiosos Nátchez se situaban los Cherokee, Creek, Choctaw, Chichasaw y Seminola. Los españoles llamaron a estos pueblos “Cinco tribus civilizadas”, debido a las semejanzas que encontraban entre ellos y las naciones europeas. Este territorio contaba al norte con abundancia de pinos, robles, nogales y chaparros, y al sur, con magnolias, cipreses, palmas y cañas. A las que se unieron el maíz, las sandías, las batatas y el tabaco. Quemaban extensas zonas de bosque para dedicarlas al cultivo, que se complementaba con la pesca y la caza de ciervos, osos y pequeños animales. Fueron estas las primeras tierras que pisaron los españoles  que buscaban la fuente de la eterna juventud, pero introdujeron enfermedades que en poco tiempo exterminaron a estos grupos.

Territorio ocupado por las llamadas "cinco tribus civilizadas"
Territorio en las que se asentaban las llamadas por los españoles, "Cinco tribus civilizadas".

            En otra región de unos 2,5 millones de kilómetros cuadrados desde el centro de Canadá al sur de Texas, un inmenso praderío Mapa del territorio conocido como "Las Grandes Llanuras" que se extendía desde Canadá al Texasdominado por el viento y el sol conocido como las Grandes Llanura y el Corazón de América, nacería el arquetipo del indio norteamericano. Descendientes de pequeños grupos nómadas que seguían las manadas de antílopes, pero con el paso del tiempo pasarían a depender de otro animal, el bisonte. Cuando llegaron los primeros europeos se calcula que unos 100 millones de bisontes pastaban en estas llanuras, pero los nuevos métodos de caza les llevarían casi hasta el Indio Lakota de la tribu de los Siouxexterminio. Las tribus asentadas en este territorio eran los Sioux, Comanches, Arapahoe, Crow, Cheyenes, Kiowa, Dakota, Pawne, Wichita, Kansas, Iowa y Pies Negros, junto a otras de menor relevancia. En general formaban poblaciones Tipis (las famosas tiendas circulares indias, con salida de humos supeior y pintadas en vivos colores). Destacaba por basarse en la unidad familiar matriarcal, costumbres tradicionales, no valoraban la riqueza y valorando los comportamientos personales castigando al que perjudicaba el interés público y los necesitados contaban con el apoyo de los responsables comunitarios.

Poblado indio con los típicos Tipis, sus viviendas.
Poblado indio con sus típicas viviendas denominadas tipis.

            En el Oeste, en una extensión de más de un millón de kilómetros cuadrados desde las Montañas Rocosas y Sierra Nevada, la Meseta y Territorio conocido como el "Reino del salmón" entre las Rocosas, Sierra Nevada, la Meseta y la Gran Cuencala Gran Cuenca (conocida como “Reino del salmón) estaban los Shoshone, Kutenai, Nez Percé, Flathead, Yakima, Ute, Paiute y Modoc, entre otros. Sus poblados eran sencillos formados por chozas, casas semienterradas o El salmón básico en la alimentación de estas tribusprecarias tiendas cónicas. Este territorio está marcado por climas extremos de sofocantes calores del verano y grandes fríos invernales, donde el norte es muy lluvioso con extensos bosques de coníferas y el sur, seco, accidentado, semidesértico y lagos salados. Se alimentaban básicamente de la pesca del salmón, la caza del venado y conejo (zonas áridas), aves, la recolección de especies vegetales, raíces, semillas, nueces, serpientes, saltamontes y todo tipo de insectos. La familia era al base de la organización social y no existía un poder supremo sino que las decisiones se toman por mayoría en asamblea .

            Más al norte se encontraba la denominada “Tierra de los Tótems” Territorio donde se asentaron los indios y conocido como "Tierra de los Tótens"que nació al estabilizarse los niveles del mar en torno al 3000 a.C. y que discurría a lo largo de la Costa del Pacífico desde el norte de California a Alaska. Su buen clima y la abundancia de recursos naturales favorecía la habitabilidad. En ella se asentaron los Tlinglit, Tótems indioHaida, Salish, Kwakiutl, Tsimshian, Chinook, Bellaccola, Coast, Chimakuan y los Nootka. Erigieron elaboradas culturas, lenguas particulares y manifestaciones artísticas de consideración. No formaron grandes unidades políticas y organizaban sus poblados en torno a la casa comunal, con viviendas circulares de cedro blanco. Ante ellas alzaban los tótems, postes de madera de hasta 18 metros de altura pintados de vivos colores o tallados, representando a los espíritus de la familia y emblemáticos iconos de identidad. Otorgaban gran importancia a los lazos familiares, al sentido de pertenencia a un linaje y el rango social y el liderazgo eran hereditarios. Descalzos todo el año, vestían ligeras ropas de cuero o lana y se abrigaban con mantas de vistosos colores, ponchos y trenzados sombreros de ala ancha. Cazaban ciervos, castores, , osos y marmotas, aunque predominaba la pesca del salmón y también los grandes mamíferos marinos, siendo muy codiciada la carne de ballena cuya caza se reservaba para los jefes. Alcanzaron un notable desarrollo en las artes decorativa, desconocían la alfarería pero dominaban la cestería y elaboraron objetos impermeables  para el transporte del agua y los alimentos.

            Más al sur, entre el Pacífico y Sierra Nevada y California, se asentaron numerosas tribus atraídas por las benignas condiciones En rojo, territorio ocupado por estas tribusclimatológicas. Los Karok, Miwok, Yoruk, Hupa, Pomo, Tolowa, Pawtin y Wuntun, entre las más importantes, ocuparon el norte, mientras que en la zona más austral se asentaron los pueblos conocidos como “de misiones” ya que se conocen por los Mujer Karoknombres que le dieron los misioneros españoles, como los Luiseños, Ingnacianos, Gabrielinos, etc. Reducidas unidades políticas tenían homogéneas formaciones sociales. Su principal alimento era la bellota, junto a gran variedad de plantas, raíces, frutos, venados, conejos, ardillas, lagartos, aves de pequeño tamaño, insectos, caracoles, lagartos, serpientes, incluida la de cascabel, y de las aguas de los ríos y el mar llegaban el salmón, , morsas, delfines y otros mamíferos marinos. Arpones, cañas, redes y venenos los empleaban para coger cangrejos, moluscos y tortugas. Sus viviendas eran de lo más elemental hechas de ramas, cortezas y hierbas o de mamparas y postes. Vestían ropa ligera y eran expertos en cestería, objetos con cuentas de abalorios y plumas.

            Siguiendo hacia el sur, en los actuales Estados de Arizona y Nuevo México, y Bisontes americanoslos mexicanos de Sonora y Chihuahua, hace unos 10.000 años las glaciaciones obligaron a la caza del bisonte como clave para subsistencia de sus habitantes, aunque las rigurosas condiciones climatológicas que alternan duros fríos con sofocantes calores hicieron que Indio apachefueran pocos los pueblos que se especializaran es esa actividad. Los ríos Grande y Colorado favorecieron la agricultura, sobre todo desde la llegada del maíz, frijol y calabaza del desarrollado México. Los moradores fueron los Apaches, Navajos e Indios Pueblo (denominación que le dieron los españoles por sus amplias casas de piedra o adobe y que incluía a las tribus de  los Hopi, Zuni, Acoma y Laguna). La colonización española coincidió con el final de 500 años de peregrinación de los pueblos Apache y Navajo desde Canadá y Alaska. Los apaches se denominaban a si mismo inde (gente), y los navajos dineh (pueblo). Su larga travesía les dotó de numerosas lenguas, con rasgos muy diferenciados entre las dos tribus y de la actividad del robo y saqueo que siguieron ejerciendo en sus nuevos asentamientos. Sus poblaciones eran reducidas y fomentaban el individualismo, la independencia y libertad Indios comanchespersonal. Lo que convergía en bandas organizadas con un reducido número de familias que no se sentía parte de una unidad superior y sus jefes eran elegidos por acuerdo para cuestiones y problemas concretos. Sus hogares tenían carácter provisional y eran muy sencillos como tiendas, refugios hechos con matas y casa cónicas de ramas y tierra. El matriarcado coexistía con la poligamia y la disolución de los matrimonios. Razas del aire y el viento, apaches y navajos tenían en el día a día la base. Su contrapunto era los Hopi (El pueblo pacífico) en el que las mujeres eran las dueñas de la tierra, vivían en casas de arcilla y adobe, cultivaban los campos y recogían la fruta. En las zonas más áridas estaban los pueblos llamados “rancheros”, los Tarahumara, Yuma, Caita, Pima, Maricopa y Papago. Se dedicaban a al agricultura, con un fuerte sentimiento familiar y comunitario, con un jefe supremo y jerarquía religiosa.

            El último de las grandes áreas habitadas por nativos se situaba en el frio norte, sobre el amplio espacio canadiense, del Atlántico al Territorio en Canadá de estas tribusPacífico. De las estribaciones de las grandes cordilleras a la costa baja con grandes y espesos bosques se asentaron Indio Creelos Cree, Montagnais, y Naskapi, en la parte oriental; Beaver, Kutchin e Ingalik, a occidente. Sus poblaciones de reducido número siempre estaban enfrentados entre si. Las bajas temperaturas imposibilitaban la agricultura y tenían que recurrir a la caza del venado y otros animales pequeños. En tiempos de carencia se alimentaban de cortezas de los árboles y en invierno agujereaban las heladas aguas para pescar, mientras que en verano colocaban hábiles trampas para cazar caribús, alces y osos. En el norte ártico, el rigor se extremaba y los Inuit, Yuit y Alelutianos, sobrevivían con la caza del caribú, mamíferos marinos y la recolección de algas, raíces y níqueles. Sus casa, según fuera verano o invierno, eran de pieles o iglús de bloques de hielo. Se desplazaban por las aguas en Kayak o sobre suelo helado en trineos tirados por perros. Consumían la carne cruda y trabajando la artesanía de madera, el marfil y la esteatita, transcurría su rigurosa y estoica existencia.

RELIGIÓN Y ESPIRITUALIDAD

            El hálito de vida que late en todas las cosas era la base de la cosmovisión animista, más que religión, de los indios norteamericanos. Venerar la naturaleza, por tanto, sentirse parte del universo. La palabra religión era intraducible en muchas de las lenguas indias cuando comenzaron a predicar los primeros misioneros cristianos. Los chamanes eran la figura central e indispensable en todas las tribus ya que se le suponía en posesión de las verdades visibles e invisibles.

            Todo en el concepto de religión de los indios norteamericanos nade de la conjunción de la Madre Tierra y del Padre Cielo. De hecho, Las religones indias estaban en armonía con la naturaleza y los animaleslos genocidas blancos nunca lograron comprender estas civilizaciones que no tenían templos ni textos escritos. Sin caer en la cuenta que fueron los textos religiosos escritos los que habían supeditado la religiosidad a los poderes. Porque partía de una interpretación animista. Imaginaba estos pueblos indios que todo lo que le rodeaba estaba, como él, lleno de vida. Los árboles, el agua o el viento gimen y susurran, por lo tanto tienen conciencia o están habitados por poderosos espíritus. Cierto es que en el vasto territorio norteamericano hubo casi tantas creencias como tribus, pero eso no otorga a desvirtuar unas creencias en la realidad muy complicadas y atávicas cosmología. A los indios de las reservas de Nuevo México les debió parecer un tanto absurdo que señores blancos de buenas vidas, entre los que se estaban D. H. Lawrence, Jack Kerouac, Aldous Husley o Bob Dylan, generadores del movimiento New Age, acudieran a sus chamanes en busca de consuelo.

            Creía el indio que si los elementos inanimados poseían las cualidades de Chaman indiovida y pensamiento, necesariamente los animales estaban en un nivel superior. Admiraban estos luchadores por la supervivencia como se las ingeniaban los animales para adaptarse al medio, su instinto para la caza, para no pasar hambre y para adivinar los desastres. Por lo que, observo las distintas cualidades de las distintas especies convirtiendo a algunas de ellas en símbolo y a otras casi de dioses. El zorro simbolizaba la astucia; el ciervo, la rapidez; el búho, la sabiduría críptica; el águila, la fuerza y el poder; el búfalo, era adorado como el proyección del universo generoso; el lobo, por su audacia; la serpiente, enroscada era la representación del sol y la luz y cuando reptaba, la imagen de los ríos y del agua. Por lo que, cada individuo elegía un animal protector según su cualidad más anhelada. Era el fetiche, que al igual que para buena parte de todos los habitantes del planeta, significaba la fe de salvación. En su tenencia proyectaba el indio su concepto de suerte, que nunca era materia de azar sino de decisión de inteligencias naturales que debían ser honradas o aplacadas con oraciones, festejos e incluso sacrificios. Y estaban los tótems que después de varias generaciones pasaban a ser divinos protectores que encerraban en si los espíritus buenos o malos.

            Sobre la creación del mundo, los pueblos indios norteamericanos tenían múltiples historias. Así, el mito de los zuñi habla de las cuatro Danza del búfalocuevas del mundo que dieron lugar a las semillas que esparcieron por el mundo la vida. Los cheyenes contaban que su dios Michabo encargó a varios animales buscar un trozo de tierra para salvar al mundo que se había hundido en el mar. Los sioux, sus antepasados vivían en las profundidades de la tierra y unos valientes se arriesgaron a subir por las raíces de los árboles descubriendo el maravilloso mundo que había en el exterior, convenciendo luego a los demás para que salieran. Los navajos circunscribían la existencia a los cuatro cisnes blancos que moraban en los cuatro puntos cardinales de donde partía todo. Los dakotas veneraban a la serpiente de cascabel a la que dieron una dimensión absolutamente divina pues la llamaban como a su dios principal, Manitu.

Los indios creían en un dios supremo, Manitu            Espirituales o religiosos, los indios americanos también precisaron de deidades, pues el mundo de lo inexplicable era demasiado amplio. Michabo era origen de los vientos y de la vida entera para los cheyenes. Los dioses gemelos, Ioskeha y Tawiscara, regían todo para los iroqueses, el bueno y el malo, el blanco y el oscuro. Los zuñi situaban a su deidad Awonawilona en el sol y los navajos concebían a su Ashnnutli con las cualidades de ambos sexos y lo llamaban Hombre-Mujer-Turquesa. Para los pawnee, Atius Tirawa gobernaba le curso del sol, la luna y las estrellas. El movimiento de la vida, para los creek, se debía a su dios Exaugetuh Emissee, el amo del aliento.

PIELES ROJAS

            En la primera década del siglo XX, armado con su cámara, el fotógrafo Edward Curtis convivió con más de 80 tribus indias y recogió el testimonio visual de unos hombres y tradiciones que ya estaban a punto de desaparecer. Hoy sus fotograbados son historia. Pero la historia también tiene que hacer justicia a estos pueblos de los que el general Sheridan, encarnado en el cine por John Wayne, afirmó que “el único indio bueno es el indio muerto”. En su mayoría grandes cazadores, los Sioux se untaban el cuerpo con grasa y se cubrían con una piel la cabeza para confundirse, armados, entre los bisontes. Para los indios, matar era algo sagrado; por eso honraban a los caídos en el combate, incluso cuando eran enemigos. Cuando querían hablar con su dios, trazaban un círculo en el suelo y se colocaban dentro.

Guerreros de la tribu Gros Ventre
Guerreros de la tribu Gros Ventre o A’ninin. Cuando un guerrero mataba por primera vez, a su regreso no comía carne ni dormía con su mujer, para reconciliarse así con el alma de la víctima.

Guerreros cheyenes
Estos guerreros Cheyenes o tribu Sha hi, fueron llamados por los franceses “soldados perro”. Fueron un pueblo valiente. Para celebrar una jornada soleada decían: “Es un buen día para morir”.

Peinado de las indias Hopi
El singular peinado de las indias Hopi imitaba una flor de calabaza e indicaba que todavía eran vírgenes. Instalados junto al Río Grande, eran de las pocas no cazadoras que vivían de la agricultura.

Indio nunivak y tambor
Los Nunivak, asentados en tierras de la actual Alaska, vivían en condiciones muy duras. Para sus ceremonias usaban tambores de más de un metro de diámetro, fabricados con estomago o vejiga de morsa.

Mujeres hopi preparando tortas de maiz
Indígenas hopi preparando pikis, tortillas de maíz doradas y finas como papel. La importancia que los pieles rojas otorgaban a la comida se evidencia en su saludo: ¿Tienes hambre, hermano? Los indios creían que con el estómago lleno se olvidaban las penas.

Indias nootka remando
Las mujeres nootka remaban con la misma habilidad que sus hombres. Desde las canoas fabricadas con corteza de árbol recogían algas, uno de los alimentos preferidos de las tribus de la costa del Pacífico.

Indios cazando bisontes
Los cazadores de bisontes lograban su presa persiguiéndola durante horas o infiltrándose disfrazados en la manada. La vida de las llanuras dependía completamente de este animal al que respetaban y adoraban. Como las otras tribus de las llanuras, los Assiniboín mataban con sus flechas sólo los bisontes necesarios para sobrevivir. Las armas de fuego diezmaron la población de este animal, que se redujo de 100 millones de ejemplares a unos pocos centenares.

Indio nootka pescando
“Espera con calma y las grandes cosas rojas saltarán a tu boca”, rezaba una leyenda india. La paciencia era una de las virtudes de los pescadores de la tribu Nootka, a la que pertenece este guerrero.

Guerrero sioux y plumas
Cada una de las plumas que luce este viejo guerrero sioux indicaba un acto de valentía en pasadas batallas. Además, creían que el alma residía en el pelo, por lo que cortaban la cabellera de sus enemigos y la llevaban consigo para que les defendiera en nuevos combates.

Indio absaroke
Absaroke
significa “pueblo del pájaro” y la tribu debe su nombre al culto que rendían a los halcones.

Indio jacarilla
Los indios Jicarilla pertenecían a la familia de los apaches, los grandes enemigos del hombre blanco.

Este arikara mantiene la boca cerrada, ya que los indios pensaban que el alma podía escaparse si la abrían demasiado.

Las ceremonias navajo eran las más complejas entre las tribus del desierto (encarnación del dios de la guerra).

Indio absaroke orando
Los Absaroke o Crow rezaban a criaturas invisibles y a su profeta Wovoka. En actitud de súplica, el “hombre medicina”, junto a los jefes de la tribu, eleva carne de bisonte para ofrecérsela a un espíritu.

Las pequeñas hogueras que se encendían en las montañas no sólo servían para enviar mensajes cifrados, también para orar al Gran Espíritu.

Pequeño Pluma y su hijo Riñón Amarillo custodian el calumet. Se trata de una pipa sagrada que utilizaba el jefe del poblado para demostrar a un visitante que era recibido sin ánimo belicoso.

Manitú, así llamaban la mayoría de los pieles rojas al Gran Espíritu. Además de este dios bondadoso, cada tribu creía en un gran número de divinidades a las que se acercaban a través de decena de ceremonias.

Los tótems no eran representaciones espirituales, sino que narraban también la historia de una familia o una tribu. La imagen muestra el blasón paterno (águila) y el materno (oso gris) aplastando a un enemigo.

Inspirados en visiones y sueños proféticos, el llamado “hombre medicina” de cada tribu tomaba decisiones fundamentales como el momento de atacar al enemigo o cuándo comenzar la caza. En la imagen, un hechicero arikara.

EL GENOCIDIO INDICO: CASACAS AZULES CONTRA DIABLOS ROJOS

            El Far West ya era un escenario bélico en el siglo XVII, cuando los primeros colones americanos decidieron instalarse en las tierras indias. La intervención del ejército, a partir de 1865 convertiría esas escaramuzas en una guerra abierta. Las imágenes que conocemos a través del cine de caravanas atacadas por los indios o enfrentamientos con el ejército están muy lejos de la realidad. El genocidio de los pueblos de los pieles rojas tuvo connotaciones política, económicas y sociales. En realidad, fueron implacablemente expulsados de sus tierras y arrinconados en reservas, uno de los muchos eufemismos con que se trató de esconder los dramáticos hechos que se conocen como “Guerras Indias”.

Vaqueros del Far West
Los típicos vaqueros del Far West. En este caso unos cazarrecompensas.

            El verdadero genocidio de los pueblos indios de Norteamérica poco tuvo que ver con las famosas batallas de Horseshoe Bend, sobre CusterToro Sentadolos Creek; la de Fallen Timbers (1794); la Batalla del río Washita, que no fue tal y si una auténtica masacre ya que entraron en el poblado indígena cuando dormían y con la bandera blanca desplegada. La masacre sería cinco años después vengada en la de Little Big Horn (Montana) donde Custer y todo su ejército perecieron a manos de los lakota y cheyenes bajo el mando de Caballo Loco y el mítico Toro Sentado; o la de White Lay Creek, el 15 de enero de 1891, donde se puso fin a las Guerras Indias  tras la rendición de los lakota, precedida por el asesinato de Toro Sentado.

Enfrentamiento entre los casacas azules y los indios

            A lo largo de unos 170 años, con la expansión blanca conocida por el Far West u oeste americano, produjo constantes Territorios indios según el tratado de 1868enfrentamientos entre colonos y los pieles rojas que defendían sus territorios. Estas refriegas eran impulsadas por el propio gobierno que promulgaba leyes de expropiación o violando los acuerdos pactados en el tratado de Ford Laramie de 1868. Pero dentro de la guerra sucia ante estos valientes pueblos, dos aspectos destacan con el confinamiento en reservas o el genocidio de muchos pueblos. Por una parte, la gran nación india nunca existió como tal organizada y tan solo unían fuerzas en contadas ocasiones ante la ofensiva de los invasores blancos y el ejército estadounidense. Y por otra parte, la gran supremacía del armamento de los casacas azules ante las flechas y hachas de los indios, que tan solo conseguían armas de fuego a través del contrabando y el pillaje. Por lo que, el descubrimiento de oro en Black Hills, territorio reservado a los indios, fue el principio del fin para los primeros pobladores de América.

            Para vencer en esta larga contienda, los blancos recurrieron a todo: la Black Hillsconfrontación directa, la difusión de lacras sociales como el alcoholismo y hasta la guerra bacteriológica o la presión del frío o el hambre. Por ejemplo, las reservas estaban muchas veces en zonas con poca caza y sin posibilidades agroalimentarias y, en otras ocasiones, se exterminaba la caza o se incendiaban las cosechas. Durante la guerra franco-india del siglo XVIII, las fuerzas británicas bajo el mando de Sir Jeffrey Amherst distribuyeron entre los indígenas mantas y sábanas que habían sido utilizadas por enfermos de viruela, con la intención de 7º de Caballeríadiezmarlos con la enfermedad, como así ocurrió. No fue la única ocasión en la que se distribuyeron como regalos entre los indios mantas y ropas de abrigo que antes habían pertenecido a enfermos infecciosos. Sin embargo, resultaron más fácil y más eficaz emborracharlos, convirtiendo muchas veces a feroces guerreros en adictos que prácticamente vivían para conseguir alcohol. En otras ocasiones, se les envenenó directamente con bebidas tóxicas. También se empleó la contaminación de acuíferos con animales muertos que dejaban pudrir en ríos, pozos y fuentes, una práctica extendida durante toda la historia bélica del mundo y de la que pueden encontrase antecedentes muy antiguos. Finalmente, la mayoría de las llamadas “batallas” no fueron sino simples matanzas de todo ser viviente: no sólo ancianos, mujeres y niños eran masacrados, sino que muchas veces se exterminaba a los caballos, imprescindibles para la caza del bisonte. Las pieles de estos animales, vitales para la supervivencia del indio, eran muy cotizadas en el este de Norteamérica y en Europa. Por eso, su exterminio a manos de cazadores blancos fue causa de pandemias generalizadas entre los indígenas. La Guerra de Secesión y la subyugación de las naciones indias daba paso a la nueva y poderosa nación de Estados Unidos.

Fuentes: Propia, Muy Historia e imágenes Google.


Tags: Pieles rojas, indios americanos, apaches, comanches, cheyenes, America del Norte, Estados Unidos

Publicado por Fransaval @ 21:26
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Comentarios

La apasionante y trágica historia de los indios norteamericanos es un buen ejemplo de la avaricia y codicia humana. Estos pueblos que se integraban y amaban todo cuanto les rodeaba se vieron obligados a residir en reservas hasta nuestros días. Espero que les guste y ayude.

Publicado por Fransaval
Jueves, 28 de junio de 2012 | 8:17