Educa a tu hijo/a para esta experiencia
¿Recuerdas tu primera vez? ¿Los errores que cometiste? ¿Los miedos que tuviste? ¿Los consejos que te daban? En este artículo, intentaré acercarte las pautas para que asesores a tu hijo/a en su primera vez y le ayudes a resolver sus dudas. No en vano, todos estamos en el mismo barco y al vaivén de la misma marea y la experiencia propia no debe ser guión para que otros tropiecen en la misma piedra, sino todo lo contrario, aportar esa vivencia para que ellos superen el obstáculo sin traumas y problemas.

La comunicación entre padres e hijos es esencial para una educación sexual con fundamento.
Aunque para todo hay una primera vez en la vida, en las relaciones sexuales es frecuente que nos surjan infinidad de dudas asociadas a tabúes y mitos, porque en este tema son los amigos quienes generalmente nos dan información que saben casi siempre “de oídas”. Lo más aconsejable, sin duda, es que los padres transmitan una adecuada educación sexual para que esta primera vez sea una experiencia natural y satisfactoria.
Los primeros temores
Aceptando que la primera experiencia sexual suele ser muy especial para la mayoría de las personas, el aspecto que la hace más
determinante es el “como”, el “por qué” y el “con quien” tiene lugar esa primera relación. Si algo tiene especial importancia es tener claro que debe ser cada persona la que decide cuándo y cómo quiere que ocurra esa primera vez, además de decidir hasta dónde quiere llegar.
En esa primera relación sexual los nervios, dudas e inseguridades son algo inevitable que debemos aceptar como normal, para poder además comentar a nuestra pareja con naturalidad para que lo tenga en cuenta. Ser capaces de relajarnos y centrarnos en disfrutar de la situación hace que las cosas fluyan con más facilidad.
Buscando la primera vez ideal
Otro aspecto importante son las expectativas exageradas que, en muchas
ocasiones, desarrollamos sobre el sexo y en especial sobre el coito. Muchas mujeres, por ejemplo, han decidido mantener su virginidad, con una idea excesivamente romántica de la situación, lo que ha supuesto cierta decepción posterior al ver que la relación no ha sido tan placentera o tan idílica.
Para algunos hombres, por otro lado, sus expectativas –basadas a veces en modelos muy sexistas adquiridos del material pornográfico-, se desploman al encontrarse en una situación que no saben muy bien cómo manejar y que les desborda.
Otro aspecto a cuidar es el dónde, ya que si no nos encontramos en un lugar suficientemente íntimo y sin temor a ser sorprendidos, es probable que cueste abandonarse y disfrutar de la situación.
Es, además, frecuente que esta primera vez pueda darse en situaciones en que se ha abusado del alcohol o ciertas drogas que, además de condicionar la voluntad, pueden inhibir la respuesta sexual y aumentar la decepción y frustración.
La protección ante todo
Pese a ser una idea muy difundida y temida, la primera vez no tiene por qué ser dolorosa,
ni tampoco tiene que producirse necesariamente sangrado, ya que el himen puede haberse roto en otras circunstancias como una actividad deportiva.
Además, tampoco es fácil en esa primera ocasión para muchas mujeres llegar a conseguir el orgasmo ya que el placer también requiere de aprendizaje.
Es imprescindible que se tomen medidas de protección como el uso del preservativo ante un posible embarazo no deseado o las enfermedades de transmisión sexual, ya que a ambas posibilidades nos exponemos desde la primera vez si no adoptamos esas medidas esenciales.
Pautas para los padres y madres

En la televisión, en las redes sociales, en las aulas... El sexo está presente en el día a día de los adolescentes. De ahí la importancia de que los padres se adelanten y hablen a sus hijos de las relaciones afectivo-sexuales desde el punto de vista de la responsabilidad y el respeto.
Al mundo de los adultos, y principalmente a los padres y madres, les sigue costando aceptar que sus hijos adolescentes y jóvenes,
comienzan a mantener relaciones sexuales o que las mantendrán en un plazo no muy lejano. Esto provoca que la sexualidad continúe siendo un tema tabú en la familia.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas, la principal fuente de información sobre sexualidad son los amigos (39%), mientras que los padres y madres sólo lo son en el 12% de los casos. Esta situación no resulta nada satisfactoria, y deja en evidencia la falta de comunicación entre los progenitores y sus hijos e hijas.
No sirve de nada esconder la cabeza y dar la espalda a la realidad. Debemos contribuir a que adquieran información veraz sobre anticonceptivos o sexo seguro, afrontándolo sin tapujos y abordando no sólo el aspecto físico de la primera relación sino el efectivo y las razones para dar o no ese paso.
Sólo un clima de confianza y un diálogo abierto con nuestros hijos e hijas pueden evitar embarazos indeseados, enfermedades de transmisión sexual o inseguridades que lleven a que no puedan gestionar su sexualidad de forma responsable y elegida.
¿Cuándo hablar con los hijos?
Desde que nacemos recibimos ciertas pautas que nos marcarán toda nuestra vida. Aunque los padres muchas veces no sean
conscientes, están educando a sus hijos e hijas en la sexualidad, incluso con la negación o ausencia de información.
Es imposible no educar sexualmente a los hijos ya que se les transmiten valores que tienen que ver con la sexualidad. Por eso, es importante que los padres sean conscientes de que a través de sus gestos o de cómo actúen en determinadas situaciones, estarán educando de una u otra forma.
La sexualidad es parte de nosotros desde que nacemos hasta que morimos y los padres deben empezar a contestar las preguntas y curiosidades de sus hijos desde el momento en que surjan. Los niños, por ejemplo, tienen erecciones desde que están en el útero de la madre y a edades muy tempranas sienten cualquier cambio en su cuerpo. Es algo que ocurre aunque los padres no quieran verlo, por eso es un error no tocar el tema en la familia.
¿Qué aspectos se deben tratar y cómo hay que enfocarlos?
En cada etapa de la vida la sexualidad cambia y tiene unos contenidos y actitudes concretas que se deben trabajar. Son tan
numerosas las dudas que asaltan a los padres y madres de adolescentes y jóvenes, que a menudo optan por soslayar el tema, abrumados por la incertidumbre de no saber cómo abordarlo.
El principal consejo de los sexólogos a los padres es que no tengan miedo de hablar de sexo con sus hijos ni de reconocer, ante una pregunta complicada, sus propias carencias de conocimientos al respecto.
Es importante no anticiparse y responder a medida que nos preguntan ya que si hemos creado el clima de confianza y naturalidad necesario, se atreverán a plantearnos sus dudas a medida que éstas aparezcan.
Pero, por encima de todo, insistir en una idea: Educar no es lo mismo que informar.
Sobre la primera vez…
¿Hay una postura ideal para la primera vez?
No. Sólo aquella en la que los dos miembros de la pareja se sientan a gusto y les permita estar cómodos para poder disfrutar del encuentro.
¿Cómo suele ser la primera vez?
No es infrecuente que la primera vez pueda decepcionar porque se tienen expectativas muy altas. Se espera sentir aquello que se ha visto o leído en el cine o en televisión y en la mayoría de los casos no suele ser así.
Sin embargo, la experiencia y una buena comunicación ayudan a mejorar la satisfacción en el futuro.
¿Y si se toma alcohol antes?
Mucha gente cree que el alcohol da seguridad cuando lo que tiene es un doble efecto: al principio hace sentir un gran deseo sexual y desinhibe, aunque en el momento de la relación la respuesta sexual se ve alterada y la erección suele costar más a los hombres y la excitación y el orgasmo más a las mujeres.
¿Y si sólo es la primera vez para uno?
El que la otra persona no sea virgen no debe producir miedo o vergüenza. La comunicación entre los dos es lo que más va a ayudar a que salga bien diciendo lo que le gusta a cada uno y expresando los temores que puedan surgir para de esa forma sentirse a gusto en la situación.
Las dudas más comunes que los jóvenes plantean y cómo contestarlas
¿Cómo saber si es la persona adecuada?
Siempre que la relación se produzca porque uno lo decide y con la persona con quien se sienta la confianza, intimidad, comodidad y deseo necesario, esas serán las principales señales para poder experimentar esa primera relación sexual. También es importante no auto exigirse llegar necesariamente a la penetración y que ésta surja sólo si realmente se desea.
¿Duele?
La primera relación no tiene porqué ser dolorosa y todo depende de los nervios. Lo ideal es que los dos se sientan relajados. Además, no siempre se da la rotura del himen, por lo que tampoco se sangra necesariamente ni se produce dolor por ese motivo.
¿Cuál es la edad normal?
Aunque suene a tópico, no hay edad normal ni ideal. Todo depende de cuando la persona decida que ha llegado el momento. Que los amigos lo hayan hecho no ha de ser motivo de presión, tampoco el que la pareja lo pida continuamente. Hay que saber esperar el momento adecuado en el que se esté seguro de la decisión que se quiere tomar.
¿Dónde?
Lo ideal es un lugar íntimo, como una casa o la habitación de un hotel, un lugar donde no vayan a molestarnos. Sin embargo, esto no suele ser lo habitual y el asiento trasero de un coche o un portal se convierten en lugares improvisados para la primera vez que lamentablemente no son lo más apropiado.
Epílogo
Tabú proviene del término polinesio “ta-pu” (no tocar). Y eso es lo que hacemos con el sexo; hablar todo el día de él, construir un sexo
virtual hecho de palabras, remitirlo a un discurso de orden, pero no tocar nunca, o casi nunca, el propio sexo. Ya para Michel Foulcault el sexo se vuelve algo incontrolable a partir de la época victoriana no desde la ocultación sino desde la sobreexposición. Se crea un discurso normativo que se apoya en los tópicos que el marco erótico exige (falocentrismo, coitocentrismo, relación a dos… etc.) y se gestiona desde el “bio-poder” para que todos lo interioricemos.
El sexo y su “información” deviene así la perpetuación ingente del tópico. La palabra sexo es el discurso moral o científico (o ambos, o el mismo) pero nunca el discurso del sexo. Es como aquel pato que no sabía nada de ornitología pero sin embargo era un pato. Por eso el hablar de sexo ya no es un tabú pero el sexo sí que lo sigue siendo. Por eso el tabú no es hablar de sexo, es el sexo en si mismo.
Todos conocemos esos discursos en los que con un montón de palabras no se nos dice nada, no se nos resuelve nada. Un vendedor de grandes almacenes aconsejándonos sobre qué equipo informático adquirir, un político exponiendo sus planteamientos sobre política social, un diletante hablando sobre América y los americanos…
Para callar hablamos. Y para responder volvemos a hablar. Porque la lengua del sexo no sólo pregunta por la prevención y la didáctica; pregunta sobre los que somos, sobre quienes somos (hacia donde vamos y no cómo nos conducimos).
En ti padre/madre, está el que el sexo sea algo real y natural formando un todo con la vida misma.
Fuentes: Sexologies, Valérie Tasso e Imágenes Google.
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