jueves, 25 de noviembre de 2010


Ana María Matute ha sido galardonada con el Premio Cervantes. La escritora catalana se convierte en la tercera mujer que recibe el máximo galardón de las letras españolas. Fotografía: ANDREU DALMAU | EFE

Cristian ReinoPREMIO CERVANTES
Ana María Matute, ganadora del Cervantes: «Soy enormemente feliz»
Autor: Cristian Reino

La autora es una de las voces que mejor han recreado las ilusiones y decepciones de la infancia y adolescencia.
La escritora catalana se convierte en la tercera mujer que recibe el máximo galardón de las letras españolas.

Lo quería. Lo añoraba. Lo deseaba. Por fin se lo han dado. Ana María Matute, de 85 años, siempre declaraba en todas las entrevistas que le parecía una gran injusticia que solo dos mujeres hubieran ganado el Premio Cervantes. A partir de ahora ya son tres y, según la barcelonesa, puede que esa deuda histórica se esté empezando a reparar. «Eso del machismo ya queda lejos, se están dando pasos, como en la Real Academia o en el Cervantes», dijo. La autora de Olvidado rey Gudú escribió ayer su nombre con letras de oro en el Olimpo de la literatura hispana. Como afirmó el reciente nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, «Matute merecía haber recibido ese premio hace mucho tiempo».La buena nueva se la comunicó en casa su editor, Emilio Rosales. «No me lo esperaba, me habían dicho que estaba en la lista y me hacía ilusión, pero no me quería hacer demasiadas ilusiones por si no me lo daban, porque hay muchos que también se lo Ana María Matute, de jovenmerecen», argumentó. «Me siento enormemente emocionada, contentísima», dijo. «Me han dado -añadió- un premio que me encanta». «Ahora puedo decirlo: soy enormemente feliz», aseguró con una sonrisa de oreja a oreja alguien que durante mucho tiempo no pudo decir que la existencia fuera de color de rosa. «No todo en la vida son pétalos de flor, ni mucho menos».
Frágil como un niño, había sido candidata al máximo galardón de las letras españolas en unas cuantas ocasiones, lo que le había hecho perder la esperanza. «Soy un poco pesimista», dijo. Pero este año era distinto. «No sabía ni cuándo se fallaba, porque no creía que me lo pudieran dar, aunque este año me llegaban más ecos», afirmó. «Puede que este año sí pensé. A lo mejor no soy tan mala», dijo entre risas una Matute que reconoció que durante la noche anterior no pudo dormir de los «nervios».

Dickens, Chejov y Dostoievski
Matute se une así a Dulce María Loynaz y María Zambrano como ganadora del Cervantes, Esa niña llamada Ana María Matuteuna distinción que concede el Ministerio de Cultura y está dotado de 125.000 euros. La ministra Ángeles González-Sinde la definió como una escritora «con un mundo propio y un lenguaje propio» y justificó el premio por el «magisterio demostrado como escritora realista y con proyección a lo fantástico». Su compromiso ético y moral también influyó en la decisión del jurado.
Según la ganadora, queda algo pretencioso decir que es un premio a toda una carrera. Pero «yo lo tomo como un reconocimiento no tanto a la calidad literaria como a la entrega y a la dedicación», relató. Aun así, dijo, «uno no escribe para ganar premios; si te lo dan es maravilloso, pero no escribes para ganar; hay quien lo hace, yo no». Porque Matute, que empezó a escribir con cinco años, afirmó que ha dado «toda la vida o casi toda a escribir». «Lo he hecho desde pequeña, contra viento y marea, porque ha habido momentos de mi vida que han sido muy difíciles, pero he tirado hacia adelante», señaló.
Recuerda con tristeza los años duros junto a su primer marido, el escritor Eugenio de Goicoechea. «He sufrido mucho en la vida -reconoció-. La vida pasa factura». «Siempre he querido comunicar la pérdida; en todas mis obras, desde mi primer cuento, se respira la misma sensación. Porque vivir es ir perdiendo cosas», dijo. «Y la vida es magia y misterio», concluyó.

Tomás García YebraLa niña que nunca quiso crecer
Autor: Tomás García Yebra

La infancia, una etapa que «nos marca para siempre, lo queramos o no». Todavía no ha querido salir de ella. Aún sigue en ese «paraíso de la imaginación», a pesar de que en su biografía no fue un camino de rosas. Cuando estalló la Guerra Civil, Ana María Matute estaba a punto de cumplir 11 años. Pero su niñez ya había sido un tormento. Aunque creció en una familia burguesa, a los cinco años sufrió una infección de riñón que casi acaba con su vida. A esa edad escribió su primer cuento, El duende y el niño . A los ocho años volvió a padecer otra grave enfermedad y sus padres la enviaron con los abuelos.La niña, carente de esa alegría de la que gozan los críos con salud, comenzó a gestar un carácter soñador y retraído. La Guerra Civil, en los albores de la adolescencia, fue otra bofetada de angustia y tristeza. Esos primeros años de ensimismada vida le bastaron para crear un mundo propio Ana María Matute, feliz tras saber que era el Premio Cervantesde recuerdos y fantasías, también de dolor y amargura.Académica de la lengua y poseedora de importantes premios, la escritora se dio a conocer con Los Abel ( 1948), una radiografía de una familia de cinco hermanos en la posguerra. La novela se publicó 11 años después y obtuvo el Premio Planeta (1954).Esa mirada «huérfana de afectos», dentro de una España destrozada, dio origen a la «generación de los niños asombrados» y los «adolescentes náufragos», expresiones acuñadas por ella. Para muchos críticos, lo mejor de su producción (12 novelas y varios volúmenes de cuentos) lo constituye la trilogía Los Mercaderes, formada por Primera memoria, Los soldados lloran de noche y La trampa. En 1972, se casó con el escritor Ramón Eugenio Goicoechea, de quien se separó en 1963. Ana María Matute tiene cara de abuela bondadosa, pero la fortuna le negó los nietos. «Es una de mis grandes frustraciones; me gustaría haberles podido leer algún cuento». Ni a su hijo se los pudo contar. El marido consiguió la custodia y ella quedó sumida en un prolongado silencio vital y literario.
Renovada la ilusión, en 1984 publicó Sólo un pie descalzo ( Premio Nacional de Literatura Infantil). En 1996, apareció Olvidado rey Gudú, un bombazo editorial, una historia de emociones y aventuras fantásticas que es el «libro favorito» de Matute.

César CasalLa dama de las letras
Autor: César Casal

Ella es la dama y yo soy el vagabundo que ha rastreado sus libros. Es un hada buena. Un trasgo travieso de los bosques. Su melena de nieve y su prosa de ensueño merecen todas las distinciones. Ana María Matute es premio de las Letras, justo cuando en primavera publicará nuevo libro: Paraíso inhabitado . La Matute se cayó de otra galaxia. Escribir para ella es atravesar el espejo y emboscarse en la fantasía. Muchos de sus libros son de una triste tristeza que lleva a las lágrimas. Llorar es una terapia. Su próximo trabajo tiene una primera frase de las que quedarán: «Nací cuando mis padres ya no se querían». Y así fue que se refugió en los cuentos. Su imaginación creció en la oscuridad del cuarto oscuro. Ana María Matute en los años 70 del siglo pasadoTartamuda, niña rara, la tartamudez se le pasó en los bombardeos de la guerra. Se agarraba a la mano de sus padres y hermanos junto a la pared maestra. Perdió la custodia de su hijo y, muchos años después, sufrió larga depresión sin motivo. La peor depresión. «Del sufrimiento se aprende si sobrevives». Recibió la noticia del premio con el fémur partido. Los niños pueden descifrar su magia en El polizón de Ulises o Sólo un pie descalzo . Está su trilogía sobre la Edad Media, «la vida en estado puro». Ella solo cree en el Rey Arturo. Y se considera muy europea, «yo he sido de Europa siempre, desde que leía a Andersen de niña». Ana María Matute dice: «Yo no vivo, floto». Y pienso que flota con la fantasía como otros se colocan con las drogas. Su obra es de «llorar muchísimo» y hay un libro, Los niños tontos , que es tremendo. A la altura del Alfanhuí , ese evangelio de Ferlosio. Ella salió adelante de una infancia dura porque veía estrellas en las lámparas y un unicornio que caminaba por el pasillo. Perder la inocencia es perder la isla, lo que nos salva de ahogarnos. Con Matute hacemos pie.

Luis PousaUna voz de poderosa seda
Autor: Luis Pousa

Entre el muy literario barrio barcelonés de Gracia y el venerable sillón K de la Real Academia Española deambula, con su bulliciosa imaginación elevada a la enésima potencia, Ana María Matute, esta niña de 85 años que suma ahora su nombre a la exquisita nómina del Premio Cervantes. Si en este país no fuéramos como somos, hace ya tiempo que «la Matute», como a ella misma le gusta llamarse, tendría en sus anaqueles el gran galardón de las letras españolas. Y, si no fuéramos como somos, sería inimaginable que solo otras dos escritoras, María Zambrano y Dulce María Loynaz, hubieran alcanzando antes esta distinción. Claro que Ana María Matute está acostumbrada a abrir puertas selladas. Fue la tercera mujer, en tres siglos de historia, en franquear el umbral de la RAE y ahora es la tercera en añadir el Cervantes a su palmarés, en el que solo se echan en falta ya el Príncipe de Asturias de las Letras y un Nobel demasiado escurridizo para quien no entiende de capillas y se define a sí misma como «un lobito estepario».A Matute, dama de la prosa triste y mágica, hay que leerla, entre infinitas razones, porque ha sabido pintar una Edad Media muy distante de Ana Maria Matute en su casaesos tópicos oscurantistas que consideran aquella época una especie de mazmorra o cámara de tortura en la que la única luz visible es la que escupen las antorchas de los verdugos. El Medievo de la gran narradora no es tampoco la fantasía rúnica de Tolkien, pero sí quizás el universo de aquel Rey Arturo de leyenda del que los gallegos, adheridos a la imaginería deslumbrante de Cunqueiro y Ferrín, hemos heredado algo más que un puñado de relatos, tal vez una estética de la que nos hemos contagiado por los siglos de los siglos. Asomarse a la narrativa de Matute es, sobre todo, zambullirse en esa trilogía fabulosa que forman sus novelas medievales: La torre vigía , Olvidado rey Gudú y Aranmanoth , donde explora con destreza las brumas y herrumbres de aquel tiempo en que se mezclaban, en heterodoxo cambalache, dudas, doctrinas, erudición y crueldades sin límites.
Cuando dentro de unos días se apaguen las fanfarrias del Cervantes conviene abrir un libro y quedarse a solas con la voz de poderosa seda de Ana María Matute.

Fuente: La Voz de Galicia e Imágenes Google. Foro PlanetaBlanco.


Tags: Ana María Matute, escritora, Premio Cervantes

Publicado por Fransaval @ 21:39
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Comentarios

Aquí les dejo este magnífico trabajo de La Voz de Galicia sobre esta maravillosa mujer y escritora. Enhorabuena.

Publicado por Fransaval
jueves, 25 de noviembre de 2010 | 21:41