Caballeros águila y jaguar entrenados para conquistar ciudades y territorios, guerreros cazadores de víctimas con las que apaciguar la ira de los dioses, y asegurar así el ciclo eterno de la vida. Monarcas poderosos que ordenaron la construcción de templos, mercados, palacios y jardines. Los aztecas fueron el último de una serie de pueblos que a lo largo de los siglos poblaron el valle de México, artífices de un imperio tan eficaz e implacable como efímera su existencia.

Arriba: Un guerrero águila aparece representado en esta figurilla de terracota hallada en Tenochtitlan. Los ejércitos aztecas, altamente organizados para la guerra y captura de prisioneros, estaban divididos en órdenes, como las del Águila y del Jaguar.
La cultura o civilización azteca comienza en el año 1325 y culmina en el 1521 d.C. y se ubica en el periodo posclásico. Su organización social estuvo marcada por tres grupos: esclavos que eran criados pagados, plebeyos que se les permitía tener propiedades y nobles que eran los sacerdotes, nobles de nacimiento y guerreros.
Su religión fue sanguinaria por los sacrificios humanos. Sus principales dioses fueron Huitzilopochtli dios del sol, Coyolxauhqui diosa de la Luna, Tláloc dios de la lluvia y Quetzalcóatl quien fue el inventor de la escritura.
Para la enseñanza existían dos escuelas la Tepochcalli a la que asistía la gente común, y el Cálmecac a la que asistía la nobleza. A las mujeres de les exhortaba a que fueran discretas y recatadas en sus modales; y a los hombres se les inculcaba la vocación guerrera.
El poder de los aztecas se debía a la habilidad de los gobernantes para manejar un ejército, además de encontrar en las alianzas más poderío. Los aztecas vivían de la agricultura y lo que producían. Cultivaban verduras, flores y plantas medicinales en chinampas. Los aztecas fueron la última tribu del norte árido en arribar a Mesoamérica. Eran un pueblo pobre y arrastrado y fueron mal recibidos por los habitantes de los señoríos de origen tolteca ya establecidos en el valle de México. Los aztecas vagaron durante años, según cuenta la leyenda, en busca de la ciudad donde debían fundar su ciudad, ésta era un águila y una serpiente luchando sobre un nopal. Empezaron el recorrido desde Aztlán, sin poder establecerse ni en las peores tierras del valle, hasta que en 1325, fundaron su ciudad, México-Tenochtitlán.
Al fundar la ciudad de Tenochtitlán los aztecas se asentaron definitivamente hasta la llegada de los españoles. Habían salido de Aztlán (lugar que desconocemos) convencidos por el dios Huitzilopochtli para buscar un sitio nuevo. Tras un camino largo y duro llegaron al Valle de México. Se establecieron en Chapultec, pero fueron expulsados de allí. Pidieron al señor de Colhuacán una tierra donde ir, y él les dio Tizapán, lleno de serpientes venenosas; pero no fue problema porque ellos se las comieron asadas. Pasado el tiempo pidieron al señor del pueblo vecino (los culhuas) que les entregara a su hija para casarla con el dios. La muchacha fue ofrecida en sacrificio y cuando lo supo su padre, tuvieron que huir hacia los lagos. Esto era ya en el año 1323. En el lago Texcoco vieron una señal del dios: un águila, en un nopal, devorando a una serpiente; y fundaron allí la ciudad de Tenochtitlán, que significa donde está el nopal silvestre.
Al menos esto cuentan las historias aztecas.
Generalmente llamamos aztecas a los habitantes de los territorios conquistados por Hernán Cortés, aplicándo, por tanto, ese término no sólo a los propios aztecas sino también a los mexicas.

En Malinalco (Foto de arriba), centro ceremonial a unos 100 kilómetros al sur de Tenochtitlan, Ahuitzotl hizo construir hacia 1501 el Cuauhcalli («Casa del Sol» o «Casa de las Águilas»), un templo semicircular tallado en la roca en cuya cumbre se conserva un altar con representaciones de águilas y jaguares. Aquí se entrenaba y consagraba la élite militar azteca, que veneraba estos dos animales por su potencia y valor.
La principal fuente de su economía era la agricultura. Los principales cultivos son: maíz, tabaco, chiles, fruta y maguey.
Los aztecas, y tal vez ya los teotihuacanos mil años antes, hablaban una lengua llamada náhuatl. La escritura mezclaba pictogramas, ideogramas y signos fonéticos. En sus escritos queda reflejada su propia historia, geografía, economía, religión...
Algunos códices han llegado hasta nuestros días. De ellos el conocido como Códice Borbónico es anterior a la llegada de los españoles. Es un libro-calendario con dos partes, la primera un libro de los destinos (tonalamalt) y la segunda las fiestas de los meses (xiuhpohualli).
Los poemas aztecas podian ser recitados o cantados al ritmo de tambores y trompetas. Algunas veces incluían palabras que no tenían ningún significado y que sólo servían para marcar el ritmo. Frecuentemente eran dedicados a los dioses, pero también trataban de otros temas como la amistad, la guerra, el amor y la vida. Algunos reyes fueron famosos poetas, como por ejemplo Nezahualcoyotl de Texcoco (1402-1472).
Poesía de Nezahualcoyotl de Texcoco
¿Acaso en verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí.
Aunque sea jade, se rompe.
Aunque sea oro, se hiende.
y el plumaje de quetzal se quiebra.
No para siempre en la tierra,
solamente un poco aquí".
Según los aztecas el mundo fue creado y destruido cuatro veces. Luego fue creado por los dioses por quinta vez. Ellos hicieron la tierra y la separaron del cielo. Después el dios Quetzalcóatl creó los hombres y las plantas que los alimentan. Los aztecas contaban esto así: «Hicieron luego el fuego, y hecho, hicieron medio sol, el cual, por no ser entero, no relumbraba mucho, sino poco. Luego hiciron a un hombre y a una mujer: al hombre le dijeron Uxumuco y a la mujer Cipactonal. Y mandáronles que labrasen la tierra; y a ella que hilase y tejiese. Y que de ellos nacerían los macehuales, y que no holgasen, sino que siempre trabajasen. Y a ella le dieron los dioses ciertos granos de maíz, para que con ellos curase y usase de adivinanzas y hechicerías, y así lo usan hoy en día de hacer las mujeres.»
Por lo que tenían numerosos dioses: Coatlicue, la diosa de la tierra. Huitzilopochtli, el dios de la guerra. Frecuentemente aparece en la poesía Ipalnemoani (por quien se vive), la fuerza suprema. Cada aspecto de la vida sexual estaba asociado a un dios diferente. Así, Xochipilli era el dios de las flores, del amor, de la fertilidad y de las relaciones sexuales ilícitas; al igual que su esposa, la diosa Xochiquétzal, quien, además era protectora de la prostitución (que como se ha dicho antes, era lícita). Por su parte, Tlazoltéotl era la diosa del placer, la voluptuosidad, la fecundidad y la fertilidad. Ella protegía a las parturientas, a las parteras, a los hechiceros relacionados con el mundo amoroso y a los hombres de intensa actividad sexual. Cada fenómeno atmosférico también era asociado a un dios: a Tlaloc las lluvias, a Quetzalcóatl Ehecatl los vientos.
Según los aztecas sólo se vive una vez, y la vida esta llena tanto de sufrimiento como de alegría y la única manera de perdurar tras la muerte es alcanzar la fama, si bien la propia fama desaparece cuando mueren los que recuerdan al difunto.
Gracias a sus conocimientos de física los orfebres pudieron emplear varias técnicas en su trabajo (como la de la cera perdida), fundir oro con la plata, etc. Elaboraban todo tipo de figuras y adornos pulseras, collares, pectorales, pendientes, etc. Frecuentemente el metal se combinaba con piedras preciosas (turquesa, amatista, jade, cristal de roca) o con conchas.
Los aztecas incorporaron a su propio panteón antiguos cultos y divinidades de otras culturas anteriores y pueblos conquistados. Mictlantecuhtli, dios de las sombras, regía el inframundo y la morada de los muertos. En una figurilla procedente de las excavaciones del Templo Mayor se le representa con un esqueleto humano (Foto de la derecha), una calavera con muchos dientes, y el hígado, símbolo de las pasiones, saliendo del estómago. Tlaloc, dios de la lluvia y de la fertilidad, es originario de Teotihuacán.
La astronomía era una de las ciencias de más tradición para los aztecas. gracias a sus observaciones determinaron con gran precisión las revoluciones del sol, de la luna, de venus, y, tal vez, de Marte; agruparon las estrellas en constelaciones (que no coinciden con las nuestras); conocieron la existencia de los cometas; la frecuencia de los eclipses de sol y de luna; y pudieron crear un complejo calendario.
Esta observación del cielo les permitió también desarrollar conocimientos de metereología y así predecir las heladas o establecer las características de los vientos dominantes.
No obstante, cada fenómeno atmosférico era asociado a un dios: a Tlaloc las lluvias, a Quetzalcóatl Ehecatl los vientos.
La medicina también tuvo un gran grado de desarrollo. Con su conocimiento de la naturaleza distinguieron propiedades curativas en diversos minerales y plantas. Los sacrificios humanos religiosos (que incluían la extracción del corazón y el desmembramiento del cuerpo) favorecieron un buen conocimiento de anatomía.
Sabían curar fracturas, mordeduras de serpientes. Posiblemente hubo "odontólogos" encargados de realizar deformaciones dentales.
Aunque la medicina era practicada por hombres y mujeres, parece ser que sólo las mujeres podrían encargarse de ayudar en los partos. La medicina estuvo ligada a la magia, pero el hecho de no atribuir la causa científicamente correcta a cada enfermedad no significó que no se aplicase el remedio conveniente.

Tlatelolco (Foto de arriba), la ciudad gemela de Tenochtitlan, albergó uno de los mercados más grandes de Mesoamérica. Centro comercial de primer orden, abastecía la metrópoli con todo tipo de productos procedentes de las regiones más remotas. La ciudad fue destruida por los españoles, pero se conservan algunas estructuras piramidales del recinto sagrado, junto a la iglesia barroca de Santiago Tlatelolco.
La arquitectura fue una de sus grandes artes. Se construyeron pirámides escalonadas en Cholula, Xochicalco y Teotihuacán.
Los aztecas fueron hábiles escultores. realizaban esculturas de todos los tamaños, diminutas y colosales, en ellas plasmaban temas religiosos o de la naturaleza. Captaban la esencia de lo que querían representar y luego realizaban sus obras con todo detalle.
En las esculturas de gran tamaño solían representar dioses y reyes. Las de pequeño tamaño se reservaban para la representación de animales y objetos comunes. Se usó la piedra y la madera y, en ocasiones se enriquecían con pintura de colores o incrustaciones de piedras preciosas.
El color es fundamental en la pintura. Se trata de un color plano, sin matices ni sombras y, posiblemente con connotaciones simbólicas. Aparece ligada a la arquitectura, decorando los edificios.
Los adornos hechos con plumas tuvieron gran importancia en América Central. Las plumas más apreciadas eran las del quetzal (verdes) las del tlauquecholli (rojas) y las del xiuhtototl (azul turquesa). Con ellas hacían tapices y adornaban mantas, máscaras rituales, escudos o trajes de guerreros.

La muerte y sus ritos son un tema recurrente en la expresión plástica azteca, y una manifestación del poder político y religioso. Los tzompantli, (Foto de arriba. Esculpido en piedra y hallado junto al Templo Mayor) eran altares donde los aztecas colocaban los cráneos de las víctimas decapitadas, por lo general prisioneros de guerra, con el fin de honrar a sus dioses.
Las leyes eran muy severas. Como en otras culturas antiguas los castigos eran diferentes según fuera el delito y el rango de quien lo cometía. Generalmente el castigo era más duro si quien había cometido el delito era un funcionario o noble importante.
Existía la pena de muerte para los delitos de asesinato, traición, aborto, incesto, violación, robo con fractura y adulterio. En este ultimo caso se procedía a la lapidación aunque la mujer era estrangulada previamente. Los guerreros podían escapar de la pena de muerte aceptando un destino permanente en zona fronteriza.
La embriaguez era considerada delito. Sólo era permitida, en algunas circunstancias, para los ancianos y los guerreros profesionales. El castigo podía ser la muerte o el rapado de cabeza (si era la primera vez que alguien no importante cometía esta falta).

El cerro Texcotzinco (Foto de arriba), al nordeste de la metrópoli, floreció gracias a una avanzada ingeniería hidráulica destinada al culto a la divinidad del agua y al abastecimiento de las poblaciones cercanas. Nezahualcóyotl, un ilustrado tlatoani de Texcoco (1402-1472), ordenó la construcción de sofisticadas estructuras como el Acueducto, el Baño del Rey, el Baño de la Reina, e incluso un jardín botánico.
El emperador azteca poseía un poder ilimitado, que abarcaba todas las cosas y todas las personas. Junto a él, los guerreros y sacerdotes formaban el grupo social de mayor poder. Los guerreros eran el principal apoyo del emperador y permitió la creación de un imperio muy poderoso pero aislado políticamente.
Apenas había grupos sociales intermedios. Si acaso, los comerciantes enriquecidos de la capital, que conseguían ascender intercambiando sus riquezas por prestigio en las fiestas que organizaban y ofreciendo alguno de sus esclavos como victima de un sacrificio ritual (cosa poco frecuente por ser muy costosa).
La mayor parte de la población eran artesanos, agricultores, servidores públicos, etc., que se organizaban en grupos de parentesco llamados calpulli.
También había esclavos que se usaban para el trabajo agrícola, el transporte, el comercio o el servicio doméstico. Algunos lo eran temporalmente, hasta que pagaran una deuda o una condena. Otros eran prisioneros de guerra que podían ser sacrificados a Huitzilopochtli.
La educación era obligatoria. Las chicas eran educadas por sus madres en casa para realizar las tareas del hogar. Sólo las nobles podían ir a aprender a una especie de monasterio donde vivían hasta el momento del matrimonio. Para los chicos había dos tipos de escuelas: el telpochcalli y el calmecac. En el primero se estudiaba en la escuela pero se iba a dormir a casa; el segundo era un internado prácticamente reservado a los nobles.
La enseñanza de la religión era muy importante , pero también se aprendía escritura, lectura, historia y música.
La civilización azteca o mexica que vieron y encontraron a su llegada los conquistadores españoles encabezados por Hernán Cortés y que después, aún sabiéndolo, de manera aparentemente incomprensible acabaron por destruirla.
Que espectáculo tan maravilloso debió de ser la Gran Tenochtitlan, rodeada por enormes lagos que guardaban un sorprendente equilibrio ecológico e hidráulico, a pesar de que uno de ellos, el Lago de Texcoco, era de agua salobre y los demás lo eran de agua dulce. Que grandiosas obras hidráulicas se habían construido para controlar inundaciones, como la Albarrada de Netzahualcoyotl y los diques entre los lagos de Chalco-Xochimilco y de Xochimilco-México, que ingeniosamente regulaban el flujo y reflujo de las aguas y que decir del sorprendente Acueducto de Chapultepec que surtía de agua potable la gran ciudad y como no mencionar la red de canales y acequias que permitían una rápida transportación de personas y mercancías. ¿Y las chinampas? ese original sistema de cultivos, inventado por ellos y que aún en la actualidad subsiste y produce las mejores flores y legumbres del país. No cabe duda que a pesar de no conocer la existencia de la rueda para medios de transporte, ni tampoco tener bestias de carga, la gran cultura mexica había conjuntado un extraordinario complejo productivo, ingeniosamente apoyado por las ciudades que desde tierra firme transportaban por rápida vía fluvial, sus muy variados productos a la Isla de Tenochtitlan.

Fotografiar un objeto de cuatro metros cuadrados no siempre es fácil», afirma el fotógrafo Kenneth Garrett, autor del reportaje sobre los aztecas. El famoso monolito de Tlaltecuhtli, hallado junto al Templo Mayor (Foto de la derecha), había aparecido partido en cuatro fragmentos, y todo el mundo quería ver la imagen completa de la diosa. Una vez ensamblados los trozos, había que fotografiarlo desde arriba, pero el director del museo dijo que no debía suspenderse nada sobre la piedra. «Con una escalera muy alta, una pértiga y una lente de 24 milímetros descentrable (que corrige las distorsiones geométricas), logré simular una visión cenital, cambiando la perspectiva de la lente –dice Garrett–.
Sólo había dos formas de relaciones sexuales permitidas: las que tenían lugar dentro del matrimonio; y las de guerreros solteros con sacerdotisas dedicadas a la prostitución ritual. Estas últimas estaban protegidas por la diosa Xochiquétzal, se presentaban adornadas y maquilladas y proporcionaban al hombre alucinógenos y afrodisiacos que estimulasen su apetito sexual. Siempre mantenían este tipo de relaciones antes de que lso guerreros partiesen a la batalla. El adulterio, sin embargo era severamente castigado.
Cada aspecto de la vida sexual estaba asociado a un dios diferente. Así, Xochipilli era el dios de las flores, del amor, de la fertilidad y de las relaciones sexuales ilícitas; al igual que su esposa, la diosa Xochiquétzal, quien, además era protectora de la prostitución (que como se ha dicho antes, era lícita). Por su parte, Tlazoltéotl era la diosa del placer, la voluptuosidad, la fecundidad y la fertilidad. Ella protegía a las parturientas, a las parteras, a los hechiceros relacionados con el mundo amoroso y a los hombres de intensa actividad sexual.

1.- Centro Ceremonial, sede del Templo Mayor, 2.- Centro comercial y ceremonial de Tlatelolco, 3.- Calzada a Tlacopan y Tacuba, 4.- Calzada a Tepeyacac, 5.- Calzada Iztapalapa y Xochimilco, 6.- cerro del Peñón parcialmente sumergido, 7.- Albarrada de Netzahualcoyotl, 8.- Lago de Texcoco, 9.- Lago de México, 10.- Texcoco.

Los números marcados en el mapa corresponden como sigue: 8.- Alabarrada (dique) construido por Netzahualcoyotl para prevenir inundaciones de la Gran Tenochtitlan y separar las aguas salobres del Lago de Texcoco de las dulces del Lago de México, 9.- Calzada secundaria a Tenayuca, 10.- Calzada principal al Tepeyacac, 11.- Calzada principal a Tlacopan, 12.- Calzada principal a Iztapalapa, 13.- Dique de Mexicaltzingo que dividía las lagunas de México y Xochimilco, 14.- Dique de Cuitlahuac que dividía las lagunas de Chalco y Xochimilco.
Con línea negra se muestra el camino que siguió la comitiva de Cortés al descender del ahora llamado Paso de Cortés, para seguir por Amecameca, Tlalmanalco y Chalco. De allí rodeando la laguna de Chalco, tocaron Mizquic y después cruzaron a través del Dique de Cuitlahuac (Tlahuac) que separaba los lagos de Chalco y Xochimilco.

El primer encuentro de Hernán Cortés con el emperador Moctezuma, se dio el 8 de noviembre de 1519 y se dice que se efectuó en la confluencia de las calles de República del Salvador con la Avenida Pino Suárez, de acuerdo con la traza actual del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Los Aztecas sentían gran preocupación por la armonía etérea, la armonía del cosmos. Se dice que la orientación Templo Mayor de Tenochtitlan era tal que en la época de lluvias, el sol salía a un lado del Templo de Tlaloc, y en la época de estío, salía a un lado del Templo de Huitzilopochtli. Durante los dos equinoccios, el sol salía en el medio de los dos templos y apuntaba exactamente hacia el Templo de Quetzalcóatl, el Dios principal de la cultura tolteca y que según la leyenda, algún día habría de regresar.
Este templo es la excepción de todo el conjunto pues tiene una base de forma circular que contrasta con todas las demás de forma rectangular, sin embargo es típica de todas las estructuras dedicadas a Quetzalcóatl dios del conocimiento y de la creación y que se representaba con la forma de la serpiente emplumada.
Fuentes: National Geographic (Fotografías de Kenneth Garrett y Peter Essik), "Los Mexica, últimos señores de Mesoamérica", Gran Enciclopedia de España y América, vol. 1, México Máxico, fuentes propias y agenas e Imágenes Google.
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