
1. Un edificio flotando encima de viñedos
Las Bodegas Marqués de Riscal (Gehry Partner, 2006, Elciego, Álavar). El arquitecto del Museo Guggenheim de Bilbao comenzó recubriendo las viejas bodegas de Marqués de Riscal y acabó haciendo un lujoso hotel con 14 habitaciones. Un vino con la fecha de su nacimiento sirvió para que el arquitecto se convenciera del atractivo de la renovación de estas bodegas. Su seña de identidad, los revestimientos exteriores de titanio, se ven aderezada con los colores propios de la empresa y la tierra: rosa por el color del vino y oro y plata por la malla dorada y la cápsula que cubre el corcho de las botellas. Un edificio que, a pesar de la concepción escultórica de la arquitectura del creador, transforma el medio pero es respetuoso con el entorno (no es más elevado que la torre de la iglesia del pueblo, por ejemplo).

2. Un geiser emergiendo del suelo
La Torre Agbar (Jean Nouvel y b720 Arquitectos, 2005, Barcelona), a pesar de las controversias y polémicas sobre su forma, se ha convertido en un icono del barrio tecnológico de la ciudad condal. Nouvel evitó al proyectar este rascacielos el modelo clásico americano de formas paralelepípedas, optando por una solución con dos cilindros ovales concéntricos, usando la potencialidad cromática del aluminio y del vidrio para provocar el efecto visual, según Nouvel, “de un geiser emergiendo”.

3. Una ampliación “High Tech”
La Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas (Richard Rogers y Estudio Lamela, 2004, Madrid) es el quinto edificio más costoso del mundo del siglo XXI, según el ‘Atlas de arquitectura mundial del siglo XXI'. La obra del Premio Pritzker de arquitectura (2007) rezuma una importante fascinación por lo tecnológico, con una arquitectura donde la forma se supedita a la función del edificio (aunque haya cosechado críticas a su funcionalidad) y las partes estructurales se quedan a la vista del usuario.

4. Una vidriera del siglo XXI
El Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Mansilla y Tuñón Arquitectos, 2006, León) obtuvo el prestigioso Premio Mies Van der Rohe de arquitectura de 2007. El edificio se adapta al concepto de "museo del presente", siempre en efervescencia expositiva. Destaca su estructura que se desarrolla a partir de un sistema abierto, formado por un tejido de cuadrados y rombos, mediante grandes vidrios de 42 colores, inspirados en una vidriera de la Catedral de León.

5. Tensión y fortaleza expresiva en las islas
El Auditorio de Tenerife (Santiago Calatrava, 2003, Tenerife) es el edificio representativo más moderno de Canarias está situado en una posición privilegiada junto al Atlántico, donde destaca por sus formas redondeadas y sus evocaciones a Gaudí en los materiales (el uso de fragmentos de cerámica troceada) y a la Ópera de Sydney en su forma. Aunque el arquitecto español más internacional reconoce la influencia en la aproximación al paisaje de Eduardo Chillida.

6. El culmen de la carrera de un arquitecto centenario
El Centro Cultural Internacional Niemeyer (Oscar Niemeyer, Asturias, 2010) es la pieza clave de la regeneración urbana y la punta de lanza para limpiar de contaminación la ría de Avilés. Está previsto que se inaugure en los próximos meses, convirtiéndose en el eje de una alianza cultural mundial que incluye al Centre Pompidou de París o al Barbican Center de Londres. El conjunto de rampas, torres y cúpulas blancas acogerá un espacio multiusos único en Europa.

7. El recuerdo perenne de una Expo
El Pabellón Puente (Zaha Hadid, Zaragoza, 2008), emblema de la Expo Zaragoza, volverá a ser transitable en 2012 como museo para las nuevas tecnologías. Su construcción transcurrió entre numerosos problemas técnicos por su enorme complejidad ("en los límites de lo construible", según el ingeniero de la obra), al tener 216 metros de distancia entre apoyos de uno a otro margen del río: "Tiene una forma orgánica, trenzada, que simula un gladiolo que se abre y se cierra como los elementos de la naturaleza", según la página web de la Expo.
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